Pero pasar pasa , incluso para mí .

Mostrando las entradas con la etiqueta Stephenie Meyer. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Stephenie Meyer. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de abril de 2010

Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío:
el amor concede a los demás el poder de destruirte.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El despertar.

Resultó algo atroz. Tenía la sensación de que me habían practicado una gran abertura en el pecho a través de la cual me habían extirpado los principales órganos vitales y me habían dejado allí, rajada, con los profundos cortes sin curar y sangrando y palpitando a pesar del tiempo transcurrido. Racionalmente, sabía que ms pulmones tenían que estar intactos, ya que jadeaba en busca de aire y la cabeza me daba vueltas como si todos esos esfuerzos no sirvieran para nada. Mi corazón también debía seguir latiendo, aunque no podía oír el sonido de mi pulso en los oídos e imaginaba mis manos azues del frío que sentía. Me acurrucaba y me abrazaba las costillas para sujetármelas. Luché por recuperar el aturdimiento, la negación, pero me eludía.
Y sin embargo, me di cuenta de que iba a sobrevivir. Estaba alerta, sentía el sufrimiento, aquel vacío doloroso que irradiaba la cabeza y las extremdades. Pero podía soportarlo. Podía vivir con él. No me parecía que el dolor se hubiera debilitado con el transcurso del tiempo, sino que, por el contrario, más bien era yo quien me había fortalecido lo suficiente para soportarlo.
Fuera lo que fuere lo que hubiera ocurrido esa noche, tanto si la responsabilidad era de los zombis, de la adrenalina o de las alucinaciones, lo cierto es que me había despertado.
Por primera vez en mucho tiempo, no sabía lo que me depararía la mañana siguiente.

martes, 1 de septiembre de 2009

El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible ,
incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal . El tiempo transcurre de forma desigual , con saltos extraños y treguas insoportables , pero pasar , pasa . Incluso para mí .

jueves, 4 de junio de 2009

El amor concede a los demás el poder para destruirte .

lunes, 4 de mayo de 2009

Permaneció plantado en medio de la cocina, de nuevo convertido en la estatua de un Adonis, mirando con expresión ausente por las ventanas traseras. Luego, volvió a posar los ojos en mí y esbozó esa arrebatadora sonrisa suya.

-Creo que también tú deberías presentarme a tu padre.

-Ya te conoce - le recordé.

-Como tu novio quiero decir.

Le miré con gesto de sospecha.

-¿Por qué?

-¿No es ésa la costumbre? - preguntó inocentemente.

-Lo ignoro -admití. Mi historial de novios me ofrecía pocas referencias con las que trabajar, y ninguna de las reglas normales sobre salir con chicos venía al caso-. No es necesario, ya sabes. No espero que tú... Quiero decir, no tienes que fingir por mí.

Su sonrisa fue paciente.

-No estoy fingiendo.

Empujé el resto de los cereales a una esquina del cuenco mientras me mordía el labio.

-¿Vas a decirle a Charlie que soy tu novio o no? -quiso saber.

-¿Es eso lo que eres?

En mi fuero interno, me encogí ante la perspectiva de unir a Edward, Charlie y la palabra novio en la misma habitación y al mismo tiempo.

-Admito que es una interpretación libre, dada la connotación humana de la palabra.

-De hecho, tengo la impresión de que eres algo más -confesé clavando los ojos en la mesa.

-Bueno, no creo necesario darle todos los detalles morbosos -se estiró sobre la mesa y me levantó el mentón con un dedo frío y suave-. Pero vamos a necesitar una explicación de por qué merodeo tanto por aquí. No quiero que el jefe de policía Swan me imponga una orden de alejamiento.

-¿Estarás? -pregunté, repentinamente ansiosa-. ¿De veras vas a estar aquí?

-Tanto tiempo como tú me quieras -me aseguró.

-Te querré siempre -le avisé-. Para siempre.

miércoles, 28 de enero de 2009

Hice un esfuerzo coordinado para concentrarme. Había algo que quería decir, lo más importante.
Muy cuidadosamente, con tanta cautela que el movimiento apenas fue discernible, saqué el brazo derecho de mi espalda y alcé la mano para tocar su mejilla. No me permití que el color perlado de mi mano, la suave seda de su piel o la descarga eléctrica que silbaba en las puntas de mis dedos desviaran mi atención.
Clavé mis ojos en los suyos y escuché mi voz por primera vez.
- Te amo - le dije, pero sonó como si lo hubiera cantado. Mi voz replicaba y resplandecía como la de una campana.
Su sonrisa en respuesta me encandiló mucho más que antes, porque ahora podía verle de verdad.
- Como yo a ti - contestó él.
Tomó mi rostro entre las manos e inclinó el suyo hacia el mío, con la lentitud suficiente para recordarme que debía tener cuidado. Me besó, con la suavidad de un suspiro al principio y después con una pureza repentina, con fiereza. Intenté recordar que debía ser cuidadosa con él, pero era un trabajo muy duro de hacer memoria de nada bajo el asalto de la sensación, muy difícil mantener ningún tipo de pensamiento coherente.
Era como si no me hubiera besado nunca antes, como si fuera nuestro primer beso. Y la verdad era que jamás me había besado así.
Stephenie Meyer , Amanecer-Capítulo 20:Nuevo

martes, 27 de enero de 2009

Él me devolvíó el beso, pero no de una manera que pudiera hacerme creer que había ganado. Era algo más bien destinado a tener cuidado con no lastimar mis sentimientos. Estaba completa y enloquecedoramente bajo control. Con dulzura, me apartó después de un momento y me acunó contra su pecho.
- Eres tan humana, Bella, siempre arrastrada por tus hormonas - se hechó a reír entre dientes.
Stephenie Meyer , Amanecer - Capítulo 6:Distracciones